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Año X - Madrid, viernes 12 de junio de 2009
Opinión
Un escenario malicioso
Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela)
sjguevarag@gmail.com
Baso este artículo en una reflexión prospectiva maliciosa, que presenté en una reciente reunión académica, propiciada por “Reto Académico”, grupo estudiantil de avanzada académica y política, actuante en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Carabobo, de Valencia y Maracay.
Ahí vamos: Conocidos los resultados, las tendencias y el modo de comportamiento de las cuentas externas venezolanas, es previsible que haya aún un mayor deterioro en ellas. Los ingresos externos no serán suficientes para pagar la corrupción y los excesos de Chávez, las importaciones y la fuga de capitales y habrá un mayor desbalance.
En condiciones normales (tasa de cambio flexible, queremos decir), las divisas deberían subir de precio, para frenar las salidas. En condiciones de tasa fija, haciéndose insostenibles las condiciones en las cuales funcionan Cadivi (la agencia de control cambiario) y el innombrable (la Ley prohíbe mencionar la existencia de un dólar negro), debería haber una devaluación (ya la hay, de facto, en casos, mayor al 300%).
De retardar las decisiones, como es la norma chavista, un buen día el gobierno podría descubrir que le resulta necesario un buen volumen de divisas, que de no recibir de sus varios y a veces inconfesables socios (FARC, Irán, Rusia, etc.,) deberá provenir de un auténtico “caimán en boca de caño”, llamado FMI. El cual, aún con la vaselina que le han aplicado a su condicionalidad, va a exigir un bien preciado que el chavismo no tiene: “buen gobierno”.
Las conclusiones son drásticas: de aceptar la condicionalidad, desaparece como chavismo. De no aceptarla, corre un alto riesgo de desaparecer como gobierno o como democracia aparente. O sea, que en cualquier caso, el chavismo conocido desaparece.
Tanto la Cuenta Corriente (bienes, servicios y rentas) como la Cuenta de Capital (inversiones y financiamientos), en los resultados del primer trimestre son negativas. Lo fundamental del déficit de más de 15 mil millones de dólares se explica porque las importaciones de bienes y servicios son superiores a las exportaciones nacionales, casi exclusivamente petroleras y hay salidas (inversiones) de capital tanto públicas como privadas.
El único factor que evoluciona favorablemente a la recuperación de la Balanza es la perspectiva de alza de los precios petroleros, la cual, sin embargo, tiene muy baja probabilidad de llegar a los del año pasado. De ubicarse en un promedio de sesenta dólares el barril o algo más (escenario de baja probabilidad), permitirá unos cuarenta y ocho mil millones de dólares, muy cercanos a la cifra de importaciones de bienes del año pasado.
En un país altamente dependiente de las importaciones y que está en proceso de desmantelamiento de su capacidad productiva, las importaciones son resistentes a la baja. De hecho, si en el año sucede lo que en el primer semestre, se ubicarán cerca de los cuarenta y seis mil millones de dólares. Los privados siguen posicionándose en dólares, por las expectativas de caída de la tasa de cambio oficial y la salida de capitales de múltiples causas.
El Estado (la agenda internacional de Chávez) sigue su curso. De no mediar recortes sustanciales, habrá resultados similares o peores. O sea, que la perspectiva es a un mayor deterioro. El retardo en las decisiones de política cambiaria –forzosamente a la devaluación- acelera el proceso. Los errores de política –la norma chavista- también. Y aumentan los costos de las soluciones.
En el escenario de la profundización del déficit, un buen día el Estado podría verse preocupantemente carente de divisas y con bajo poder de negociación para procurárselas. El recurso, en ese caso, no puede ser otro que el FMI. Fondos contingentes, pero costosos en condiciones. Ninguna de ellas (incluso las nuevas condicionalidades del FMI) la ostenta el régimen. Ninguna de las salidas juega a su favor. ¿Cuál prospectiva cabe, entonces?
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