miércoles, 1 de abril de 2009

La realidad en el país de las Maravillas


Alicia le dice al gato: --¿te importaría decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí? --Eso depende en gran medida de adónde quieres ir, -dijo el Gato. --¡No me importa mucho adónde...! --dijo Alicia. --Entonces, da igual la dirección --dijo el Gato. Añadiendo: ¡Cualquiera que tomes está bien...!

Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas


La nueva escuela institucional nos dice que el mercado necesita de unas estructura que la soporten, con esto se sepulta el principio de autorregulación de los mercados, más allá de eso, se asume que las características de dichas estructuras soporte van a determinar las asignaciones de mercado y el desempeño económico. Ciertamente no hay una vía única posible para el desarrollo, las estructuras institucionales no son ni deben ser idénticas, pues las estructuras sociales y las dotaciones iniciales de cada economía son distintas. Es por ello que es necesario abrir la discusión sobre la estructura institucional venezolana, examinar si la misma permite el avance hacia una sociedad distinta, más prospera y productiva.


El hecho de ser una economía petrolera nos hace distinto a la gran mayoría de los países, hecho que se demuestra en el fallo de muchas teorías estudiadas en los salones de economía, desarrolladas en su mayoría en países industrializados. Por consiguiente es necesario revisar y producir nosotros mismos explicaciones a los fenómenos económicos venezolanos, es decir, hay que ponernos a investigar para poder explicar lo complejo de la realidad venezolana. Afortunadamente ya hay varios economistas que se han inmiscuido en el problema, es especial Asdrúbal Baptista, quien ha desarrollado aspectos teóricos del capitalismo rentístico –como el llama al sistema económico venezolano- esa obra de economía política explica los orígenes y las características de nuestro sistema económico.


En ese sentido creo que las nuevas estatizaciones anunciadas por el ejecutivo alarman a todos los venezolanos, pero que no debería asombrarnos; no es la primera vez que se estatiza por “razones estratégicas para el desarrollo de la nación”. En los tiempos de la Gran Venezuela de Pérez, el mismo argumento sirvió para aumentar significativamente el poder del Estado y reducir el rango de acción de los venezolanos.


No es casualidad que ambos gobiernos (Pérez I y Chávez) recurran a esta premisa en medio de una bonanza petrolera, algo debemos aprender. Hay que estar claro que un político anhela pasar a la historia por sus obras y así ganar apoyo en sus aspiraciones a cargos sucesivamente mas importantes, para esto, en la mayoría de los casos necesitan mayor cantidad de recursos. El hecho que el Estado este conformado por políticos, lleva a que el mismo tenga la característica de ser un maximizador de presupuesto, según la teoría de la Elección Pública.


En muchas partes del mundo donde el Estado no posee la independencia que brinda los ingresos petroleros existe la necesidad de trabajar en conjunto, entonces, el Estado velará porque los empresarios puedan desarrollar sus empresas y obtengan beneficios, pues, a través de impuestos el Estado podrá disponer de mayores recursos y así tendrá mas herramientas para solucionar problemas y los políticos hacerse un lugar en la historia. Sin embargo en Venezuela no es así, aquí la renta petrolera es el combustible principal de la economía y el juego se desarrolla en función de apoderarse de la misma. Ya en 1945 un ilustre venezolano como Arturo Uslar Pietro se percataba de ello y sentenciaba

“El hecho es que el Estado interviene y esta interviniendo en nuestra vida económica, porque nuestra vida económica no es sino un reflejo de la riqueza del Estado… La cuestión vital… no es saber si el Estado debe intervenir o no…, sino crear una vida económica propia y creciente, ante la que pueda plantearse un día el problema de la intervención”.


De esto se desprende que en Venezuela ser competitivos, eficientes, productivos, etc, no determina la suerte del país, por lo tanto las acciones del Estado no estarán a favor de lograr dichos objetivos, pues su futuro no esta ligado al desempeño económico propio, sino administrando la renta petrolera en procura de ganar las próximas elecciones. De aquí nace el “espíritu rentista” donde mediante la manipulación del presupuesto público se trazan alianzas. El Estado “compra” apoyo político y los sectores de la sociedad aseguran su supervivencia, como también plantea la Escuela de Elección Pública. A rasgos macro así se desenvuelve la vida en Venezuela a partir de inicios del siglo XX, un siglo de este tipo de relaciones genera comportamientos propios al sistema, la vida del venezolano gira entorno a tratar de conseguir herramientas que le permitan mascar un pedazo mas grande de la torta, por lo tanto los grupos de presión viven tratando de justificarse como indispensables para el país, pues inconscientemente han aprendido que esforzarse para ser exitoso no necesariamente asegura la supervivencia sino su habilidad para negociar su vida a través del presupuesto. No es por el clima ni por los genes que las elecciones en Venezuela generen tanta incertidumbre, es por lo que esta en juego.


La preocupación por los efectos de este sistema no son nuevos, varias acciones se han ejecutado en función de disminuir la importancia del petróleo en nuestra vida, tratando de sembrar el petróleo, se llevo a cabo un plan de industrialización y de sustitución de importaciones que produjo empresarios rentistas y parásitos del Estado que la ineficiencia empresarial y la posterior competencia internacional se encargaron de llevárselos a la tumba. El talón de Aquiles de estas iniciativas radica en que se plantean dentro de la misma lógica rentista, a través de ayudas de un Estado rentista, he aquí una gran diferencia entre el proceso de desarrollo de los grandes países industrializados y el nuestro, aquellos se enmarcaron dentro de la iniciativa empresarial y que llevo siglos desarrollarse, el nuestro estuvo en manos de la iniciativa política y se pretendió hacerlo en un puñado de años.


Al final se dio a luz a una sociedad dependiente hasta el tuétano que necesita dar el paso, sino creen, un ejemplo, la universidad, ¿como se logran mejoras a nuestro Campus? ¿Por los logros académicos? ¿Con proyectos que se venden a las empresas? ¿Por eficiencia en la administración del presupuesto? NO, sino por su capacidad para negociar con y/o hacer presión al Estado. Si se pretende trasformar este modelo de sociedad debe plantearse de forma sistémica y no acusar las partes (Estado, sociedad civil, empresarios, universidades, etc.) pues todos están jugando el mismo juego con las herramientas que poseen cada uno. Los comportamientos esperados de los actores de la sociedad (roles) son marcadamente rentistas, buscadores de renta, pues así lo exige la estructura institucional, no es por mera voluntad de los individuos.


En conclusión decir que es complejo es una ligereza, pues se debe desmontar la estructura rentista sin caer en la tentación de apoyarse solo con la renta petrolera, habría que insertar comportamientos más competitivos en el sistema e impulsar su crecimiento para implosionarlo. Para ello habría que abrir espacios para la competencia, la innovación y el cambio, la universidad podría jugar un papel importante, sin embargo habría que luchar con fuerzas que lo trataran de impedir, como es lógico. El reto será crear espacios donde sea la innovación y la competencia sean comportamientos racionales, es decir, que si Ud. es creativo sea recompensado o al menos no estorbado, y pueda materializar lo creado. La universidad como “cuna” del conocimiento posee el capital tanto físico como humano, queda de parte de nosotros los universitarios llevar eso a cabo, pues aún cuando muchos estén de acuerdo con cambiar no estén convencidos en participar en el. Tenemos una gran responsabilidad con la historia y el país, queda de parte de nosotros hacerlo realidad, si queremos un verdadero cambio (no de colores sino real) tenemos que empezar desde adentro del recinto universitario para que sea reflejo del país que queremos.

José Capote

josegcapote@yahoo.es

3 comentarios:

Santiago José Guevara García dijo...

¡Valioso aporte! Del tipo de creación que uno espera toparse todos los días y en todos los ámbitos académicos.

Sin negar nada de lo propuesto, me plantearía el reto lanzado hacia el seno de cada uno de los diversos tipos de agentes sociales presentes. No es fácil, pero repaso algunas experiencias propias (frustraciones, a veces): en los '90 tempranos, me vinculé al intento de la COPRE para establecer la carrera profesional (servicio civil, carrera administrativa, función pública, etc., se le llama) en el viejo Ministerio del Ambiente. No arrancó. Fui asesor unos dos años de una de las direcciones del mismo ministerio y se avanzó muchísimo,...hasta que había que exportar la experiencia (contagiar) al resto (o partes sensibles del todo). Hasta ahí llegamos.

Con obra de consultoría, calificación, docencia, escritura, etc., desde el '89, hasta el '96 y algunas experiencias más, estuvimos "empoderando" ciudadanos para ser auténticos mandantes en sus gobiernos locales. Hubo experiencias notables. Pero no se formalizó. Y llegó la nefasta mixtificación de la participación de estos nuevos tiempos nacionales.

Llevamos dos referencias: en una, falló la decisión de alto gobierno. Pero, también la inexistencia de un clima de opinión (o preferencias) de los beneficiarios. ¡Anoten! En la otra, faltó la iniciativa legislativa. Dicho sea, fuimos asesores de la comisión para la reforma legislativa del Zulia (CARLEZ). Llegamos hasta una revisión muy técnica de un proyecto de ley estadal de planificación, pero, no se culminó la tarea.

Vamos al ámbito empresarial (se aceptan otras denominaciones). Sin reglas firmes desde el nivel estatal relativas a la competitividad, concursos, valor de la innovación, etc., y el predominio del rentismo y etcéteras, no hay salidas. Se ha hecho. En Costa Rica se hizo (era país bastante estatista, pero volcado a la competencia). Diría que se requieren dos cosas: funcionarios profesionales en el campo de las políticas de promoción económica y el entramado legal, procedimental, etc., que propicie (¿exija?) los atributos favorables mencionados.

Último, pero no menos importante: la educación para la competitividad (sin negar otras: como la solidaridad, por ejemplo). Un "benchmarking" educativo. Estímulos (incentivos) dirigidos. Intercambio con centros y países abanderados. Asunción de las nuevas misiones universitarias (difusión, transferencia de I+D+i, educación masiva, etc.). Academias estadales (de Ciencias, Matemáticas, Economía, Sociales, etc.). Consejos Estadales de Expertos (con base en trayectorias), etc.

Para simplificar (a lo mejor, es un burdo escape de un tema complejo): alto gobierno, marco normativo, la competitividad como tema central, otra educación y ...¡preferencias, a partir de un clima de opinión favorable a lo propuesto!

Cómo hacerlo práctico: ¡trabajándolo!. ¿Se lo dejamos a José Gregorio o lo hacemos todos?

Anónimo dijo...

Me parece excelente el articulo de Jose Capote, y el comentario del prof Guevara calza a la medida. Me identifico con la parte que mencionan sobre empezar a debatir desde las universidades, desde el inicio diria yo, donde la verdadera revolución debe comenzar, una revolución que crea en un país de verdad, y no en simple conveniencia politica que lo que hace es acabar con todo lo q lo rodea.
Cuando pienso en esto, me imagino un rio que fluye de la universidad al resto de los sectores del país, como una depuración del sistema)que bastante hace falta) creo, que muchos problemas se solventarian cambiando los paradigmas de la gente; no es trabajo sencillo, pero tampoco es imposible.

Santiago José Guevara García dijo...

Gracias por el comentario. Necesario, como necesario es su dirección hacia todos y cada uno de los miembros de la comunidad universitaria. No sé si concuerdan conmigo en su carácter especial: abiertos a las ideas y los sentimientos, vocación de vanguardia, sensibilidad a la cultura y a la innovación, etc., pero que puede perderse, como en efcto se pierde mucho en nuestra universidad, por una mediatización hacia metas cortas, inmediatas, domésticas.

Escucho opiniones y estoy dispuesto a asumir iniciativas dirigidas a lo propuesto por usted.

No le temo al reto del cambio de paradigmas. Tengo mis propias opiniones sobre cómo hacer ese trabajo. Y me gustaría validarlas. ¿Puedo contar con usted?